viernes, 8 de enero de 2016

ENTREVISTA A PIAZZOLLA ALLA EN EL INVIERNO DEL 62 - RICARDO BARGACH MITRE

   


En el invierno de 1962, yo hacía la "colimba" (y por lo tanto exhibía el avergonzante rapado de los "soldados" de esa época) en una Argentina muy convulsionada por constantes "planteos" (así se llamaba  a la amenaza en aquéllos tiempos) militares, al gobierno constitucional del Dr. Arturo Frondizi, elegido en las urnas (me refiero a las electorales, por si acaso) y ungido merced a la proscripción del peronismo.
Perón daba órdenes desde Madrid.
Yo estudiaba abogacía y "dirigía" una revistita "under"  y super -protestataría que se llamaba YA y "tiraba" unos 1.000 ejemplares impresos en "Rotaprint".
La publicación se había originado en  "mi" Colegio Secundario el Instituto José Manuel Estrada (aún existente en la intersección de la Av. Entre Ríos y la calle Constitución, en Buenos Aires) y un grupo de ex - alumnos del mismo, hacíamos lo posible por mantenerla, en combinación con los que aún estudiaban allí.
Yo, además de izquierdista y protestatario era un ferviente admirador de Astor Piazzolla y tenía en la revista una columna que se llamaba " Lo que Vendrá",  título de un famoso tango de Astor en la época.
Mi admiración, además del restallante talento de Astor, que había hecho que los jóvenes de mi tiempo (Halley, Elvis, Los Plateros y la primera Mercedes Sosa, eran los ídolos de los "pensantes" como yo y El Club del Clan, el de los otros) accediéramos a escuchar algo que sonaba a "tango", vocablo que para la época, sonaba irremisiblemente a "viejo", provenía de  otras fuentes. De niño, e inducido por mis padres, había estudiado bandoneón y sabía, en carne propia, de las grandes dificultades de ejecutarlo.
Argentino y fundamentalmente porteño, le hacía alguna "concesión" al tango, por ejemplo, si los ejecutaba el Gordo Troilo, que era demasiado grande para ignorarlo, o si lo "gritaba" el Tata Cedrón, que era demasiado "nuestro" como para  no tenerlo en cuenta.
El caso es que en aquél invierno de 1962, le digo a mi amigo, Héctor Pallazo, gran fotógrafo en ese tiempo y después: " vamos a hacerle un reportaje a Piazzolla".  Y así, con la inocencia de la juventud y el último ejemplar de YA como credencial, nos presentamos en el "boliche" en que tocaba Piazzolla, una hora antes de su presentación y sin cita previa.
Astor no nos sacó a patadas. Por el contrario, nos atendió muy amablemente en su camerino, mientras Héctor tomaba fotos que se perdieron en mis exilios y yo, joven, atrevido y rapado, extraía una libretita de mi "piloto" y le hacía las preguntas al maestro.
Tampoco pude rescatar el ejemplar de Ya, en el que publicamos la nota, ya que mi suegro León, los hizo desaparecer junto con algunos discos de La Rosa Blindada, ejemplares de "Hoy en la Cultura", "El Escarabajo de Oro" y algún libro de Sartre, Marx y hasta del "Colorado Ramos" (y otros accesorios  culturales y folklóricos de la época) una vez que le pedí que "me los guardara", debido al riesgo que la policía allanara  el departamento en que vivía con mi compañera y con mi hija, Fernanda, que apenas, en ese tiempo, se erguía de su cuna.
Esa, no obstante, es otra historia.
De aquélla noche  del 62,   en la que "entrevistamos a Astor", al que se lo veía flaco y muy elegante, sólo me acuerdo de pocas cosas: la admiración que me confesó para "los bajos" del Gordo Troilo y la felicidad que teníamos con Héctor cuando nos fuimos con "la nota", después que el Maestro nos invitara a presenciar la actuación del su Quinteto.
Miento, recuerdo otras cosas.
 Cuando volvía para mi casa, en el "Colectivo 39" aún pensaba: "como hace este tipo para abrir el "fueye" de esa manera".
Y aún lo pienso.
Creo que la magia del compositor y del arreglista opacaron la maestría del Piazzolla bandoneonista.
Alguien se hará cargo de arreglar, igualmente tarde, esta injusticia.

En Caracas, Febrero de 1999.

Ricardo Bargach Mitre (QEPD)


PIAZZOLLA:EL RIGOR Y LA PASIÓN DE UN IRREVERENTE GENIAL - RICARDO BARGACH MITRE






Sin duda, algo feo nos pasa a los argentinos. Como si no pudiéramos soportar el talento de nuestros compatriotas, los atacamos ferozmente en cuanto los alcanza el éxito. Si este es internacional, peor. Si el mundo los reconoce, más los vituperamos.
El mundo se equivoca, nosotros no.
Pasó con Borges.
Pasó con Piazzolla.
Pasó (o pasa) con Cortázar.
Y ahora parece pasar con Sábato.
Sin duda nos queremos poco.
"Lo importante de Piazzolla es que la base de su música ES TANGO y que encima, está la música. Y no se parece a ninguna porque es absolutamente Piazzolla."  Esta opinión,  emitida, por un crítico del New York Times, y poco compartida en su tierra, alegraba a Astor que decía de su música: ..." La escribo para la gente que ama la música, porque sí..."
Astor Piazzolla, hijo de Vicente (Nonino ) y Assunta, alumno de Rachmaninov,  Nadia Boulanger y Alberto Ginastera; hombre de tango atípico, que no amaba la noche ni los tragos, que se levantaba temprano y le gustaba el aire libre. Este marplatense, cuya infancia transcurrió en Nueva York y cuyo nombre, al igual que el de Carlos Gardel, es sinónimo de Argentina, de tango y más precisamente de BUENOS AIRES, TUVO LA PASION Y EL RIGOR DE UN IRREVERENTE.


Se "metió" con el tango. Y lo renovó. Y convocó nuevamente al asombro. Y le dio nueva estatura internacional...
¡Qué coraje, el de Piazzolla!...aparecerse, con su Octeto en  la Argentina del 55, aquél año que marcaría el final del segundo gobierno peronista, derribado por un golpe militar. Gran parte de aquél país en transición, culturalmente adormecido lo rechazó ásperamente.
Sentenciaron, simplemente, que su música no era tango.
Ni siquiera "nuevo tango".
El talento de Piazzolla ofendió a la mediocridad. Nuestra tradicional intolerancia hizo el resto. Boicots, rechazos, persecuciones. Saboteos de músicos, emisoras y editoriales lo llevaron a emigrar a Nueva York en 1958.
Volvió en el 60 a una Argentina que cambiaba aceleradamente y formó su primer Quinteto - el de Nonino, Verano, Invierno, Otoño y Primavera Porteñas, el de Decaríssimo (en donde le rindió homenaje a otro antecesor irreverente: Julio de Caro) - el de Muerte y Resurrección del Angel - formación en la que volcó su pasión y su rigor de genial irreverente, para terminar de inscribirse como uno de los músicos más importantes del siglo.
Para acabar con las imbéciles discusiones de aldea que se sostenían en Argentina, llamó a la suya "Música Contemporánea de la Ciudad de Buenos Aires".
Entonces el prejuicio tuvo un momentáneo alivio y aquéllos que enérgicamente imputaban " eso no es tango" pudieron descansar por un momento.
No fue mucho más que un momento, porque mientras en Argentina los seguidores de Piazzolla se multiplicaban, el Mundo se encargaba, también, de zanjar la estúpida discusión.
El carácter universal del arte se encargaba de devolvernos, lo hace todavía, la imagen que el mundo tenía (tiene) de Astor Piazzolla. La de un genial creador argentino de música de tango.


Ha corrido mucho agua debajo de los puentes y, contemporáneas a Piazzolla, sucedieron muchas cosas, algunas tan trágicas como la dictadura militar de los 70. No obstante tantas cosas, quedan, todavía, muchos argentinos que dicen, ahora tímidamente, "que querés que te diga, para mí eso, todavía, no es tango".
Dicen que Piazzolla, allá por 1989, se reconcilió públicamente con alguno de ellos, en un Concierto que dio en el Teatro Opera.
Enorme grandeza la suya.
Mayor que la nuestra, que aún lo estamos pensando...
No por Astor, sino por nosotros, aquéllos argentinos que pensamos que algo feo, nos pasa.
A nosotros, porque son demasiados ejemplos de mezquindad.
Es hora que dejemos de intentar devorarnos a nuestros mejores compatriotas...

Caracas, Febrero de 1999.
Ricardo Bargach Mitre (QEPD)