lunes, 1 de septiembre de 2014

REQUIEM FOR A DREAM : HIPNÓTICA PESADILLA - Fernanda Bargach-Mitre




Darren Aronofsky, quien ya había impresionado con su ópera prima ‘PI’ ratificó soberbiamente su talento con este film crudo, que afronta el tema de la adicción como producto de una sociedad plagada de aislamiento y soledad. La historia gira alrededor de Harry (Jared Leto), un drogadicto hijo de Sara Goldfarb (Ellen Burstyn), el mejor amigo de Tyrone (Marlon Wayans) y el novio de Marion (Jennifer Connelly). Sara es una viuda que pasa la mayor parte de su tiempo mirando televisión, comiendo chocolates o chismorreando con las vecinas. Un día recibe una llamada no esperada diciéndole que “ya ha ganado” y que participará en su show preferido de televisión. En un esfuerzo por perder peso y lograr “entrar” dentro de su único vestido elegante, comienza una dieta a base de píldoras que le prescribe un doctor “experto” (aquí la película hace una crítica a la industria médica y sus insensibilidades) . Rápidamente Sara queda enganchada en sus pastillas multicolor, entre ellas una versión ‘aprobada’ del speed, y poco a poco su salud mental comienza a tambalearse. Las historias de Harry, Tyrone y Marion poseen la misma relevancia temporal en el film y en múltiples ocasiones las actuaciones son excelentes. Sin embargo el relato es más convencional en su contenido (nada en Réquiem es convencional en estilo) ya que gira alrededor de la adicción a las drogas: cocaína, speed y especialmente heroína y el trágico mundo 'junkie' que las rodea. En cierta forma todos los personajes están tratando de llenar un vacío en sus vidas. Harry busca amor y felicidad para sentirse realizado. En la persona de Marion encuentra a la mujer cuya hambre emocional coincide con la suya. Pero el amor no es suficiente y la misma intensidad que los une los ata a sus adicciones. Por su parte Tyrone carga el vacío de haber perdido a su madre muy temprano y su anhelo es la seguridad que nunca tuvo cuando niño y que consigue saciar malamente como pequeño traficante y asiduo consumidor. La tragedia radica en que todos los personajes buscan unirse pero ninguno acaba por encontrarse. En la primera mitad de Réquiem, la dirección de Aronofsky es maestra, usa más efectos que Oliver Stone pero siempre al servicio de la historia: cámaras rápidas y lentas, edición tipo Hip-Hop para las escenas de consumo. Si bien se utilizan recursos conocidos como pupilas que se dilatan, jeringas que se llenan, cucharas calentándose, billetes enrollados, etc, la manera en que estos elementos están conjugados junto a una banda sonora poderosa, hace que prevalezca la originalidad sobre el lugar común. Cabe resaltar el magnifico trabajo de edición realizado por Jay Rabinowitz, quien no solo tuvo que entrelazar cuatro historias sino lidiar con múltiples recursos fílmicos usados por el director: pantalla partida al medio, súper close ups, edición ultra rápida, aceleramiento, vibrator-cam, heat-cam, 'sonri-cam' que se liga al cuerpo del actor generando un alto nivel de subjetividad y más de 100 efectos visuales. A nivel técnico esta película es excelente, pero más allá del talento que requiere utilizar la tecnología, lo importante en Réquiem es que la misma está en función de la historia, logrando atravesar la pantalla hasta llegar al espectador. Generalmente uno sale de una película medianamente buena con una cierta sensación, un pensamiento, una emoción. De esta película se sale totalmente movilizado, durante mas de 100 minutos el espectador es literalmente 'parte' de la historia, hasta el punto de sentirse afectado físicamente. Frenética, visionaria, perturbadora, una clase distinta de película de terror definitivamente no recomendable para los de gusto ligero o típicamente hollywoodense. Es una película para valientes y arrojados porque de ella no se sale ileso.


Curiosidades Requiem por un sueño






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