sábado, 20 de septiembre de 2014

QUE SE JODAN - MONÓLOGO DE EDWARD NORTON EN LA HORA 25




The 25th Hour ( La Hora 25) -ver reseña completa mas abajo- posee un monólogo excepcional, de casi 4 minutos de duración ejecutado fieramente por Edward Norton. Un hombre colapsado, frente a un espejo, en un baño público, descarga su rabia y sus verdades más produndas acerca del mundo que lo rodea y sobre si mismo.



MONÓLOGO QUE SE JODAN:

EN INGLÉS:




EN ESPAÑOL:




EL TEXTO:
¿Qué me joda? Jódete tú. Y esta ciudad, y sus habitantes. Que se jodan los mendigos que andan por allí, tratando de sacar dinero y riéndose de mí a mis espaldas. Que se joda el limpia cristales que me ensucia el parabrisas. ¡Búscate un trabajo! Los Sijs y los paquistaníes, a exceso de velocidad en sus espeluznantes taxis, rezumando curry por los poros, apestándome el día, pichones de terroristas. ¡Más despacio, coño! Que se jodan los chicos de Chelsea con sus pechos depilados y sus bíceps, dándose mamadas en mis parques, meneando sus penes en mi canal 35. Que se jodan los tenderos coreanos con su fruta carísima y sus flores envueltas en celofán. Diez años aquí y siguen sin “hablal” inglés. Los rusos de Brighton Beach, matones sentados en los cafés, bebiendo té en vasitos con un terrón entre los dientes. Tramando y negociando. ¡Vuelvan de coño hayan venido! Que se jodan los hasídicos, paseando por la calle 47 con sus gabardinas cubiertas de caspa, vendiendo diamantes suráfricanos del apartheid. Que se jodan los de Wall Street, supuestos amos del universo. Imitadores de Michael Douglas alias Gordon Gekko, planeando cómo dejar sin dinero a los pobres trabajadores. ¡A esos pendejos de Enron, cadena perpetua! ¿Crees que Bush y Cheney no lo sabían? ¡No me jodan! Tyco, Imclone, Adelphia, Worldcom. Que se jodan los puertorriqueños. Disparan la deuda social. El peor desfile de la ciudad. Y nos hablemos de los dominicanos. A su lado, los puertorriqueños tiene buena pinta. Que se jodan los italianos con su pelo engominado, sus chaquetas de nylon y sus medallas de San Antonio, blandiendo sus bates de beisbol firmados por Giambi, presentándose a pruebas para Los Sopranos. Las esposas del Upper East Side con sus pañuelos de Hermés y sus alcachofas “gourmet” a 50 dólares. Caras sobrealimentadas, estiradas y alisadas, tensas y brillantes. ¡No engañas a nadie cariño! Los hermanos de la zona norte. Nunca pasan la pelota, no juegan de defensa, dan 5 pasos para entrar a canasta y luego culpan de todo al hombre blanco. La esclavitud se abolió hace 137 años. ¡Pasen la puta página! Que se jodan los polis corruptos que sodomizan con un destapador de cañerías, sus 41 tiros, protegidos por la línea azul del silencio. ¡Burlan nuestra confianza! Que se jodan los curas que meten sus manos en los pantalones de algún niño inocente. Que se joda la iglesia que los protege, librándonos al mal. De paso, que se joda Jesucristo Salió bien parado. Un día en la cruz, un fin de semana en el infierno y los aleluyas de los ángeles para toda la eternidad. Intenta pasar siete años en el talego de Otisville. Que se joda Osama Bin Laden, Al-Quaeda y los pendejos retrasados fundamentalistas y cavernícolas de todo el mundo. Por los miles de inocentes asesinados, ojalá pasen el resto de la eternidad con sus 72 putas, ardiendo en keroseno en el infierno. ¡Jinetes de camellos con toallas en la cabeza, ya pueden ir besando mi monárquico culo irlandés! Que se joda Jacob Elinsky. Llorón insatisfecho. Y Francis Slaughtery, mi mejor amigo, que me juzga mientras le mira el culo a mi novia. Que se joda Naturelle Riviera. Confié en ella y me apuñaló por la espalda. Me envió a la cárcel. ¡Puta asquerosa! Que se joda mi padre con su eterna pena, detrás de esa barra, bebiendo sifón, vendiendo whisky a los bomberos, animando a los Bronx Bombers. Que se joda esta ciudad. Desde los adosados de Astoria hasta los áticos de Park Avenue. Desde las viviendas sociales hasta los “lofts”. Desde los bloques de Alphabet City hasta las casas de Park Slope y los pisos de Staten Island. Que los arrase un terremoto. Que los destruyan los incendios. Que quede todo hecho cenizas, que suban las aguas y sumerja este lugar infectado de ratas… No, jódete tú Montgomery Brogan. ¡Lo tenías todo y lo echaste a perder…! ¡Tú, jodido estúpido!


RESEÑA THE 25th HOUR:



Spike Lee, ha sido uno de los directores que más polémica ha despertado dentro del cine norteamericano. Acusado de panfletario y provocador, de la mano de este director afroamericano, se han abordado grandes temas: los derechos civiles desde diferentes ángulos, la sectorización de las minorías, las relaciones interraciales, los inicios del jazz, la NBA con sus miserias y virtudes, etc. 

Definitivamente es un realizador que cuando filma, es porque tiene algo que decir. No se trata, simplemente de un narrador de historias sino de un realizador con voz propia y sentido social. ¿Hay que criticar su cine en función de sus ideas? No lo creo. Su obra exuda calidad tanto en su realización como en su contenido. El hecho que nos exponga a verdades que son difíciles de tragar, es otra historia: la de nuestra propia conciencia social. 



Su gran película, ‘The 25th Hour’ (La hora 25), no escapa del ojo del huracán sino que explota en su mero medio. Un film con un ritmo fascinante, donde por momentos las imágenes y la música conspiran contra nosotros, observadores atónitos de una danza sin igual de todos los componentes creativos.

 A la cabeza del reparto, encontramos un Edward Norton impecable que se luce a lo largo de todo el metraje. Ya desde el principio del film, una interesente mezcla de imágenes abstractas de luces azules sobre fondo negro van formando diferentes figuras que poco a poco se definen como dos enormes torres de luz, ubicadas en la zona cero. Spike Lee, hace las tomas típicas de noche en la ciudad de Manhattan, pero los enormes ases de luz que súbitamente se apagan dando lugar al vacío, nos muestran, desde el principio, que esa Nueva York es otra: le falta algo y ha sido herida, premisa que se siente a lo largo de toda la cinta.



Basándose en la novela original de David Benioff, quien también elaboró el guión, se nos muestran las últimas 24 horas de libertad de un hombre: Monty Brogan (Edward Norton) condenado a siete años de prisión por narcotráfico. En su último día en libertad, Monty intentará reunirse con sus dos mejores amigos de juventud, Jacob (Philip Seymour Hoffman) y Slaughtery (Barry Pepper) y con su novia, Naturelle (Rosario Dawson), de la cual sospecha lo ha denunciado a la policía. Así mismo volverá a encontrarse con su padre (Brian Cox), quien nunca lo ha abandonado, ni en las buenas ni en las malas, siendo, como todos sus seres queridos, cómplices del destino que le espera, al haber permanecido callados con respecto a su ‘profesión’, aceptando los beneficios que ese dinero generaba. 



Monty se verá enfrentado, en esas últimas horas con toda clase de sentimientos encontrados: rabia, miedo, desesperación, arrepentimiento, desconfianza etc. Toda esa gama de emociones son explotadas al máximo por Edward Norton, quien nos lleva al extremo en un monólogo cargado de rabia hacia todo lo que New York representa, que fluye a partir de un espejo que tiene escrito la palabra ‘Fuck you’ .Monty ve su rostro joven y bien parecido reflejado y a sabiendas de lo que le espera en la prisión, explota en una verborrea mental, con una edición rítmica, imágenes crudas de la ciudad y frases que nos cachetean el rostro. 

La cinta, acompañada de una banda sonora cálida e hipnótica, sitúa su eje en el personaje de Norton, quien se encuentra bajo una situación limite a partir de la cual se desatará un drama de sentimientos, que nos lleva irremediablemente a la reflexión acerca de temas como la legalización de la marihuana, la amistad a través de los cambios, la lealtad, el falso pudor y otros dilemas morales de esta nueva sociedad que nos toca vivir. 



En el frío invierno de una Manhattan distinta, Monty deambula por las calles que se conoce de memoria, deseando haberse retirado cuando la conciencia lo exigía, reflexionando sobre el pasado y la incertidumbre del presente donde cada tic tac del reloj es el recordatorio de lo inevitable. Se sienta en el parque y piensa ‘Si tan solo el día tuviese 25 horas, si tan solo me dieran una segunda oportunidad…’ 

Spìke Lee nuevamente enciende la llama, con este poderoso drama existencial que nos recuerda uno de sus primeros y geniales trabajos: ‘Do the right thing’ (Haz lo correcto). Ambas películas transcurren en 24 horas y en ambos casos pasan varios días y uno sigue recordando el film porque nos desafían a pensar y re pensar nuestros valores éticos.

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